Investigación científica Alumni

Caroline Ruiz

Historia del arte

Palabras clave: Monografía de artista - René Frémin (1672-1744) - Escultura del siglo XVIII - Europa de la Ilustración - París, Roma, Madrid - Arte de la corte - Luis XIV, Felipe V - La Granja de San Ildefonso - Valsaín - Lustro Real - Redes, sociabilidad, distinción social 

Tipo de residencia

Miembro de la EHEHI

Periodo de residencia 

En residencia desde septiembre de 2021 hasta julio de 2023

Proyecto de investigación en la Casa de Velázquez

Resumen del proyecto

Título del proyecto: René Frémin entre París, Roma y Madrid: los encantos de la escultura en la Europa de la primera mitad del siglo XVIII

El ennoblecimiento de René Frémin en 1733, por iniciativa del rey Felipe V de España, es testimonio de un reconocimiento que celebra tanto su espíritu creativo como sus dotes de ejecutor y su capacidad para supervisar obras de gran envergadura. Académico consumado y cortesano experimentado, el artista puso su cincel al servicio del poder —tanto religioso como monárquico— y satisfizo las exigencias de los jesuitas en Roma, así como las de los Borbones en París y Madrid. Escultor ordinario de Luis XIV, y posteriormente del Regente, su carrera alcanzó su pleno esplendor al servicio de Felipe V de España, entre 1721 y 1738. Nombrado Primer Escultor de Su Majestad Católica, Director de las obras escultóricas en La Granja y Gobernador de los Talleres de Valsaín, Frémin se encargó de la realización de los bustos de la familia real, así como de la creación de un vasto conjunto escultórico para los jardines de La Granja de San Ildefonso. Este lugar, concebido inicialmente por el monarca como un refugio lejos de la pesadez de la corte madrileña, se transformó en una auténtica metáfora de la concordia política y se convirtió en un instrumento de legitimación y glorificación del soberano.

Lejos de proponer el elogio de un hombre o el estudio aislado de su trayectoria y su obra, el enfoque monográfico de este tema se inscribe en el actual renacimiento biográfico y se abre a diversas problemáticas (véase «La monografía del artista», Perspectives, 4|2006; Les Cahiers de Framespa: Biographies, 37|2021). Se interesa, en primer lugar, por las redes en las que se inscribe el artista y propone analizar su trayectoria para reconstruir «el vínculo entre lo individual y lo social, la obra, su autor y su tiempo. » (Ivan Jablonka, Les vérités inavouables de Jean Genet, París, Seuil, 2004; véase Jacques Verger, La forme des réseaux : France et Europe (siglos X-XX), 2017), ya que es cierto que la movilización del concepto de red, como auténtico «método de análisis», permite tender un puente entre la microhistoria y la macrohistoria, así como entre diversas disciplinas de las ciencias humanas y sociales (Anne Perrin Khelissa, Émilie Roffidal, «La noción de red en la historia del arte: hitos y retos actuales», en Perspective: actualidad en historia del arte, 2019–1, p. 244). Este proyecto tiene, en particular, la intención de comprender cómo las redes de sociabilidad condicionaban la movilidad geográfica y social de los artistas y se materializaron en ocasiones en la producción artística de la primera mitad del siglo XVIII. Inscribiéndose así en el marco de una Europa ilustrada, estas redes —ya fueran de origen religioso, institucional o interpersonal— generaron diversos circuitos de difusión a escala internacional, que permitieron la circulación de modelos iconográficos, materiales, técnicas y conocimientos. Los vínculos que revelan, desde la esfera artística española en particular, con la historia política, social y cultural, pero también con la historia de las ideas y las sensibilidades, la literatura, la estética o incluso la sociología, invitan a superar cualquier compartimentación disciplinaria.

La historia de la escultura se beneficia enormemente de estos puntos de contacto, así como del debilitamiento de las fronteras temporales y espaciales. La obra de Frémin, considerada en un contexto global que se desmarca de una historia abordada país por país, período tras período, permite cuestionar la definición de los estilos, así como la noción de centro artístico que atraviesa la historia del arte. De este modo, tiende a contribuir a una mejor comprensión del arte de la Ilustración en el espacio europeo y se desmarca de la idea de una influencia francesa. Percibida a la luz de la expresión de la «Europa francesa» en la historiografía, y por tanto orientada hacia el Gran Siglo de Luis XIV, la escultura que decora los jardines del Real Sitio de San Ildefonso ha sido a menudo descrita como la insulsa copia de un «pequeño Versalles». Sin embargo, la aportación formal de estas obras a la producción escultórica posterior es innegable, al igual que su contribución a la experiencia artística moderna, que merece ser precisada. Son el soporte de reflexiones formales encaminadas a una comprensión profunda de la escultura y de la experiencia sensible que suscitaba entonces, lo que puede ponerse en relación con el nacimiento de la estética. La producción del artista desempeñó asimismo un papel esencial en la formulación y la difusión de la cultura y las ideas de la Ilustración, en particular la de la felicidad, cuya expresión en la escultura traduce, con gracia, sentimientos a menudo entendidos como ligeros y frívolos. Si bien los encantos de la escultura pasan por la estética, también son retóricos y participan en la formación de un discurso que sirve tanto al ascenso y la distinción del artista como a la estrategia figurativa del Príncipe y su popularidad. En este sentido, conviene determinar cómo el modelo de representación de Luis XIV se adapta al reinado de Felipe V, convertido en «un héroe al estilo del Cid», tanto en la literatura popular como en la imagen producida (Gérard Sabatier, Margarita Torrione, ¿Luis XIV español? Madrid y Versalles, imágenes y modelos, ediciones de la MSH, París, 2009, p. 317-318).

La producción escultórica de Frémin en España, colectiva y cosmopolita, se estudia asimismo en relación con la transformación de las instituciones habsburguesas de las Obras Reales y de la Junta de Obras y Bosques, así como con la institucionalización de las artes en Madrid, para la cual la experiencia de La Granja constituyó uno de los primeros hitos. Gran parte de los trabajos sobre la corte de los Borbones de España se ha centrado en el estudio de la administración de la Casa del Rey y, como recuerda Niccolò Guasti, «el análisis del poder en el siglo XVIII en España ha seguido abordándose a través del estudio del aparato administrativo y de las ideas que inspiraban las reformas y las teorías políticas » (véase Pablo Vázquez Gestal, «¿Un punto ciego historiográfico? La corte de España en el siglo XVIII: problemáticas y perspectivas recientes», Histoire, économie & société, vol. 38, n.º 3, 2019). Sin embargo, desde un punto de vista sociocultural y artístico, aún no se ha abordado la incidencia concreta en la distribución y la jerarquización del trabajo en los talleres. Frémin fue testigo de una evolución de la que también formó parte, tanto desde el punto de vista de la organización de los oficios artísticos como del nuevo «estilo» —calificado de gracioso— que se imponía progresivamente en la escultura de la corte de la Europa del siglo XVIII. Esta monografía se concibe, por tanto, como un «observatorio privilegiado» (Jacques Le Goff, Saint Louis, París, Gallimard, 1996), una herramienta de contrastes que revela las dinámicas de intercambio, y presta especial atención a los procesos de adaptación y retraducción, e incluso de rechazo.
 

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