Carmen Ayala Marín
Pintura
España
Tipo de residencia
Artista en residencia
Periodo de residencia
En residencia desde septiembre de 2021 hasta julio de 2022
Proyecto artístico en la Casa de Velázquez
Resumen del proyecto
«¿Qué quiere Conchita?», título del proyecto en residencia de Carmen Ayala Marín, tiene su origen en la última película de Luis Buñuel.
Este oscuro objeto del deseo pone en escena el deseo insatisfecho de Mathieu, interpretado por Fernando Rey, hacia Conchita, encarnada por Carole Bouquet y Ángela Molina. Aunque en apariencia se trata de un romance clásico, ofrece sin embargo una lectura totalmente diferente cuando se considera el deseo de Conchita como el motor esencial de la trama, una lectura a la inversa que se materializa en una de las últimas frases de la protagonista: «No has entendido nada», le dice a Mathieu, como si quisiera decirle al espectador que él tampoco ha fijado la mirada en el lugar adecuado.
A través de una serie de cuadros, Carmen Ayala Marín evoca así a Conchita, sin interesarse por la naturaleza psicoanalítica de su deseo, sino por lo que este evoca y por las imágenes que suscita; las «supervivencias», como las denomina la propia artista.
Sin embargo, el nombre elegido deliberadamente por Buñuel para su heroína no está exento de connotaciones más perniciosas: Conchita es el apodo peyorativo que se daba en Francia a las empleadas domésticas españolas, inmigrantes entre los años 1950 y 1970. Es, por tanto, también a esa Conchita a quien Carmen Ayala Marín retrata en sus lienzos, entrelazada de contradicciones y remitida al origen del nombre religioso del que deriva su diminutivo: Inmaculada Concepción.
Conchita se convierte así en el pretexto de imágenes que chocan entre sí: el deseo, la precariedad y lo sagrado se entremezclan en una misma figura que la artista busca explorar en todas sus facetas a la vez. En su obra, Carmen Ayala Marín busca así establecer un diálogo entre una serie de imágenes análogas u opuestas, dando lugar a nuevas narraciones.
En sus composiciones, contrapone las referencias al arte sacro, la realidad actual de las empleadas de limpieza y, por supuesto, el espectro de la mujer buñueliana. Una polifonía intrínsecamente arraigada en un pensamiento feminista donde, en un movimiento incesante de rebotes, la imagen se convierte en sujeto, la forma se convierte en objeto y donde los diversos elementos, continuamente, invocan otros nuevos.