Arnaud Exbalin
Profesor titular y doctor en Historia
Palabras clave: Historia colonial, América, México, policía, orden urbano
Tipo de residencia
Miembro de la EHEHI
Periodo de residencia
En residencia desde septiembre de 2014 hasta julio de 2015
Proyecto de investigación en la Casa de Velázquez
Resumen del proyecto
Los americanistas han creído durante mucho tiempo en la ausencia de fuerzas específicamente dedicadas al mantenimiento del orden (aparte de las tropas) en las ciudades de las Indias durante la época colonial. El orden urbano se entendía entonces como el resultado de regulaciones sociales y horizontales difundidas por los distintos cuerpos del mundo urbano. La «policía» se reducía a un término que designaba un ideal por alcanzar: el ideal de civilización, el ideal de buen gobierno de la ciudad.
He podido poner de manifiesto la creación de nuevos cuerpos de policía en México a finales del siglo XVIII, cuerpos que atestiguaban la aparición de una «policía moderna» en la capital de Nueva España, y ello mucho antes de la Independencia de México.
Estos cuerpos se distinguen de los tradicionales guardias municipales o de los auxiliares de los tribunales de justicia (alguaciles): son agentes territorializados, con un ámbito de actuación bien definido, que residen de forma permanente en el barrio donde ejercen; disponen de un reglamento interno impreso y de amplios poderes policiales, a veces de un salario y de un uniforme; por último, dependen de una única autoridad (el virrey). En este nuevo panorama del orden, dos figuras me han llamado la atención: el alcalde de barrio (1782) y el sereno (1790). El primero es una especie de guardián de la paz que realiza rondas regulares para hacer cumplir la legislación urbana: realiza censos, elabora planos y redacta informes policiales; el segundo es a la vez guardia nocturno, encendedor, zapador y matador de perros.
Estas dos figuras me interesan porque son los eslabones finales de una nueva jerarquía de poder instaurada por Carlos III, el Consejo de Indias y los virreyes. Los alcaldes de barrio y los serenos son representativos de las reformas urbanísticas y policiales que se multiplican a finales del siglo XVIII.
Más allá del caso mexicano, los alcaldes de barrio y los serenos son figuras que se extendieron, de manera concomitante durante el último tercio del siglo XVIII, por todas las ciudades de las Indias y de la Península Ibérica: La Habana, Santa Fe de Bogotá, Caracas, Santiago de Chile, Buenos Aires, Lima, Guatemala hasta Manila. De ahí el interés de analizar las transformaciones del orden urbano, a través de los subalternos de la policía, no a partir de una sola ciudad, sino de manera comparativa y a escala imperial.