La noche en Madrid

Visión estelar de un momento de la Historia (1840-1936)1

25JUNIO - 26JUNIO 2015
Madrid
Coloquio

Coord.: Lise JANKOVIC (Université Paris 3), David CONTE (Universidad Carlos III de Madrid)
Org.: École des hautes études hispaniques et ibériques (Casa de Velázquez, Madrid), Universidad Carlos III de Madrid, EA 2292 (CREC, Université Paris 3)

Lugar de celebración:

Casa de Velázquez
C/ de Paul Guinard, 3
28040 Madrid

Universidad Carlos III de Madrid
Facultad de Humanidades, Comunicación y Documentación
Campus de Getafe
C/ Madrid, 126
28903 Getafe (Madrid)

Entrada libre

Presentación

La Noche de la capital española constituye un tema escasamente tratado en la historiografía. Mas al mismo tiempo supone un objeto cultural de indudable interés. “Chispero”, en su historia del Teatro Apolo 2, califica a los madrileños de “nocherniegos”, y habla del “nochenierguismo” como parte de su naturaleza intrínseca, acuñando un tópico que ha seguido vigente hasta nuestros días. Ya desde el siglo XIX, las noches de la capital adquieren fama merced a sus teatros, cafés o cabarés, sus casinos, prostíbulos y “buñolerías” (configurando un itinerario nocturno hasta el despuntar del alba). La fiesta (el « ludique nocturne », Alain Cabantous) es algo característico de Madrid: tal es la imagen que se forja de la capital, tanto fuera del país –pensemos en los versos de Alfred de Musset (“Madrid, princesa de las Españas, / en tus bellas noches estrelladas, / muchas señoras con largas mantillas / bajan tus azules escalinatas. [...] un piropo a su mantilla / y caramelos de vainilla / en una bella tarde de carnaval”)- como dentro de la península. Así lo atestigua la zarzuela Noche de verano. La verbena de la Paloma, estrenada en el Apolo el 17 de febrero de 1884, y que evoca la efervescencia de aquel barrio tan popular en la cálida noche del 15 de agosto, coincidiendo con la festividad de la Virgen.

Sin embargo, convendría examinar hasta qué punto semejante tópico, que haría de la “movida madrileña” una suerte de arquetipo intemporal, ha ido fraguándose a lo largo de su pasado más reciente, y tal vez corresponda al periodo que podríamos calificar como su “acceso a la modernidad”. Parecida investigación ya ha sido objeto de varios trabajos, que han analizado las coincidencias entre el motivo de la noche y las grandes transformaciones urbanas en las metrópolis surgidas de la revolución industrial. De este modo, la historia de la noche en París durante el siglo XIX, titulada Las doce horas negras, y publicada por Simone Delattre, supuso un hito a la hora de reflexionar con notable finura en torno a las ambivalencias de la sociedad parisina posrevolucionaria.

No existe en cambio ninguna investigación sobre esta cuestión dentro de la Península. Los objetivos, en el marco de estas jornadas dedicadas a la España contemporánea, radicarían en relacionar la imagen mítica de la “vida nocturna” madrileña, el “gusto por la nocturnidad” y la “costumbre de nocturnear” que describe “Chispero”, con la realidad urbana y social de una capital que pasa de contabilizar 217 000 vecinos, en el censo de 1843, al millón de habitantes en vísperas de la Guerra Civil. Los abismos de la noche se vuelven palpables en la prensa, los archivos policiales, la regulación de los locales de ocio, así como en algunos relatos de la Bohemia y sobre los escenarios del teatro. En este sentido, podemos sospechar que existen indudables paralelismos entre lo que Walter Benjamin definió como la “capital del siglo XIX”, y la realidad atávica de un país que, como dijo entre otros Vázquez Montalbán, “perdió el tren” de la revolución industrial. Si la realidad se moldea según las circunstancias materiales y concretas que condicionan sus prácticas y representaciones, convendría entonces analizar, en el paisaje nocturno madrileño, la persistencia de un imaginario romántico, que proyecta sobre ese telón de fondo los sortilegios de un “embrujo” arcaico, y contrastarlo con los ritmos cotidianos de una noche por definición múltiple y contradictoria. Al mismo tiempo, si como dijimos la noche es uno de los terrenos donde mejor pueden observarse las transformaciones de la sociedad capitalista, tal vez podríamos acabar matizando la imagen algo obsoleta de nuestro “poblachón manchego” y la picaresca festiva de sus conciudadanos.

Por lo tanto, este proyecto no pretende emplear de nuevo un esquema aplicado en otros contextos, sino inspirarse de él para circunscribir una problemática específica. El periodo estudiado abarcaría desde el alumbrado de las calles por gas hasta la implantación generalizada de la red eléctrica (desde la década de 1840 hasta el año 1936). Se trataría de analizar hasta qué punto la noche madrileña, en la época en que se disipan los efluvios del romanticismo, participa de las grandes tendencias de la modernidad, o por el contrario permanece anclada en una suerte de indolencia nocturna contrapuesta a las labores diurnas. Pero si tal “desajuste” nocturno se convierte en metáfora de este retraso con respecto a las grandes mutaciones urbanas, encarna asimismo el lugar propicio para las ensoñaciones de la vanguardia al término de nuestro marco histórico, proyectadas sobre el decorado de una noche impregnada de luces y velocidad (como en la Gran Vía), equiparable por fin al espectáculo de las grandes metrópolis cosmopolitas. La elección del marco cronológico abarca de forma voluntaria un periodo extenso, con profundos cambios temporales, para favorecer una perspectiva diacrónica donde puedan destacar varios ejes de análisis contrapuestos.

El presente coloquio propone un ámbito de reflexión interdisciplinar, que se situará en la encrucijada de varias disciplinas (literatura, historia del arte, historia social, historia de las mentalidades, emociones y sensibilidades), al amparo de una historia cultural del presente que propugna el “estudio de la cultura sensible” (Alain Corbin). Se llevará a cabo con la colaboración de la Universidad Carlos III de Madrid, en el seno del área de literatura del Departamento de Humanidades: Filosofía, Lenguaje y Literatura, donde tendrán lugar las sesiones de la segunda jornada. Los temas de análisis estarán divididos en cuatro principales ejes. En primer lugar, un tiempo de reflexión dedicado a los tipos de vida nocturna — donde el estudio de lo coditiano de la noche y de las formas de ocio ocupará un lugar destacado , permitirá observar las grandes transformaciones de la modernidad. En segundo lugar, reservaremos un bloque para las representaciones artísticas (pintura y literatura); en este caso, convendría tener en mente que la estética no se conforma con reflejar determinadas prácticas, sino que moldea la percepción y configuración de la realidad mediante lo imaginario. Por último, abordaremos el mundo del espectáculo, que resulta en cierto sentido próximo al ocio pero requiere no obstante un enfoque más específico.

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    > Ramón del Valle-Inclán “La Media Noche, Visión estelar de un momento de guerra” (1917).

2     Teatro Apolo: historial, anecdotario y estampas madrileñas de su tiempo (1873-1929), Madrid, Prensa Castellana, 1953.

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