Guillaume DURRIEU

Pintura
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Licenciado por la Escuela de Bellas Artes de Toulouse, Guillaume Durrieu desarrolla su trabajo artístico a través de una práctica abierta de la pintura. Su obra experimenta con la abstracción desde el propio gesto pictórico, tanto en sus cuadros como en los dispositivos de exposición que emplea. Estos articulan una escenografía que, ajustándose a las especificidades del lugar, permite «activar» las pinturas y reflexionar acerca de las formas de percepción.

Guillaume Durrieu produce sus obras siguiendo un protocolo invariable: una secuencia de gestos ordenados y definidos ya en los dibujos preparatorios, que efectúa de una sola vez. La pintura captura así el gesto y la secuencia de ejecución se refleja en un registro rigurosamente legible. De esta forma, genera «signos» pictóricos que organiza por motivos, como reminiscencias visuales y persistentes de la modernidad. Pretendidamente polisémico, su trabajo toma del cine procedimientos de producción y montaje: juegos de encuadre, reencuadre, desencuadre, fuera de campo, profundidad, sobreimpresión…

En paralelo a su actividad como pintor, desarrolla una producción musical en diversos formatos: música ambiental, performances, música para cine, vinilos. Esta práctica sonora aparece a menudo como elemento fundamental de sus exposiciones. El sonido se establece entonces como una herramienta que «da voz» a la pintura.

Ha compuesto música para seis películas, entre ellas Black Diamond (Samir Ramdani, 2015) que firma junto a Philippe Dubernet y por la que recibieron el premio a la mejor música original del Festival Internacional de Cortometrages de Clermont-Ferrand, el Prix Qualité del CNC y la mención especial Le Renardeau del Festival Côté Court de Pantin.

Su obra pictórica recibió en 2013 el premio Coup de cœur Yvon Lambert en la 64ª edición del Salon Jeune Création y, en el mismo año, el premio CIC’ART pour l’Art contemporain. Su trabajo forma parte de colecciones públicas y privadas como la Collección Lambert de Avignon o la de Les Abattoirs-Frac Midi-Pyrénées.
 

En residencia

El trabajo de Guillaume Durrieu revela una fuerte contradicción entre las problemáticas y posicionamientos plenamente contemporáneos que lo rigen y su inscripción consciente en la tradición pictórica. Los dispositivos escenográficos, la clara legibilidad del signo pictórico y la voluntad transdisciplinar de su práctica identifican un potente interés del artista por abordar su pintura desde una postura crítica.

Durante su residencia en la Casa de Velázquez, trabaja en un conjunto de pinturas sobre lienzo inspirado en la poesía visual de autores españoles de los años sesenta. Fernando Millán, Joan Brossa, Francisco Pino, Ignacio Gómez de Liaño o incluso José Miguel Ullán se establecen como referentes a partir de los cuales Guillaume Durrieu plantea una reflexión más amplia acerca de la utilización concreta del signo gráfico. El blanco de la página, el negro de la tinta y la reproductibilidad del signo tipográfico que dan forma a esta poesía visual generan un campo léxico de instrumentos funcionales y cronológicos que sirven de estímulo para la imaginación.

Inmerso en estos signos –como imágenes arquetípicas–, reactivándolos y volviendo sobre su potencia polisémica, se propone producir una pintura que evoque al contemplarla la evidencia de la palabra leída.

 

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